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2 may 2012

GrisAzul

Después de aquella noche, todo cambió para ellos. No sabían en que momento, ni cómo, pero habían pasado de ser completamente desconocidos a necesitar saber uno del otro a todas horas. Él se acostaba a altas horas de la noche sólo para escribirle, y lo primero que hacía ella nada más levantarse era mirar si él le había escrito.
Pasaron muchos días, inclusos meses, en que incluso estando lejos, se sentían más cerca que nunca.

Y volvieron a verse. Y ella le llevó a su sitio preferido de Barcelona, el lugar con más magia que había conocido nunca, ese lugar que no quería compartir con nadie. Pero él era diferente.

-¿Traes aquí a todos los desconocidos que conoces?
- No, pero me has hecho sonreír cada noche, y creo que es una bonita manera de agradecértelo.

Pasearon durante horas, y acabaron en la playa. Ella se apoyó en él, y volvió a sentir lo que había sentido en aquel mirador. No pudo evitar sonrojarse, y él le apartó el pelo de la cara. Se miraron, cómo nunca antes lo habían hecho, cómo nunca antes habían mirado a nadie.

Ella le pidió que cerrará los ojos, y le beso. Los dos sabían que no podía ser, que lo suyo era demasiado bonito para la vida real, y ella le pidió que volviera a cerrar los ojos. Saco la libreta que siempre llevaba a todos los lados, le escribió una nota, y se la dejo en la arena. Después, salió lo más rápido que pudo de aquella playa, y sabía que estaba haciendo lo correcto, y que tarde o temprano sus caminos se volverían a unir.


Una vez te dije que vivir no es pasar las hojas de un calendario. Que cada día de ese calendario es único y irrepetible, incluso los días grises, por qué un día gris se convirtió en el día más azul que he vivido nunca, por qué te conocí. Y no quiero que lo olvides nunca, por muy gris que sea todo, recuérdalo, recuérdame. 


31 may 2011

Un día gris puede convertirse en un día azul

Se conocieron en una vieja cafetería del centro. Era uno de esos días grises que pone de mal humor a (casi) todo el mundo. Ella estaba sentada cerca del cristal, observando a la gente que pasaba por allí. Y fue cuando lo vio entrar, a primera vista parecía un chico normal, pero ella sabía que tenía algo distinto, y no, no se equivocaba. Él se sentó en la barra, pidió un café y un bocadillo.

Ella decidió seguir ordenando sus papeles. Empezó a leerlos uno a uno. Tenía la manía de apuntar todo lo que leía o pensaba que fuera interesante y escribirlo. Puede parecer una buena idea pero al final de la semana tenía toda la carpeta llena de papeles sin sentido.


Fue descartando algunos, mientras lo hacía, su expresión iba cambiando, cada pequeña frase hablaba de una parte de su vida, de sus pensamientos, de sus vivencias. Volvió a mirar al chico de la barra, se había quitado su chaqueta azul y llevaba demasiado tiempo removiendo su café. Demasiado tiempo. ¿Cuándo es demasiado? Te quiero demasiado, hace demasiado tiempo que no se de ti, demasiado sufrimiento,... ¿Quién marca ese límite? ¿Qué nos dice que sentimos más de lo que deberíamos sentir para poder decir "demasiado"?

El chico se giró, y ella bajo su mirada. ¿Se habrá dado cuenta de lo que estaba pensando? ¿Pero que digo? Si, soy idiota y pienso demasiado. Recogió sus cosas y decidió marcharse.

El chico se giro cuando ella salía por la puerta, y vio como se le caía un papel. Fue hasta él y no pudo evitar abrirlo. "VIVIR no es pasar las hojas de un calendario". Él sonrío, como hacía (demasiado) tiempo que no lo hacía, y se dio cuenta de que era hora de volver a hacerlo, y si para ello debía dejar su pasado en aquella cafetería, lo haría.

Volvió a su sitio, cogió su chaqueta, y salió corriendo detrás de ella.