29 nov. 2010

Te lo prometo

Julia había descubierto demasiado pronto que es eso de tener un corazón roto. Si, ella era consciente de que todo tarde o temprano todo se acaba, por mucho que no nos gusten los cambios o luchemos por lo contrario, ¿pero era necesario que fuese tan pronto?

Todo se paró, el mundo dejo de girar para ella, todas las personas de esa maldita ciudad gris habían dejado de existir. Ella se había intentado esconder, había intentado huir de todas esas nubes negras que le perseguían, pero no importaba, ese tren lleno de recuerdos, de dolor, de rabia… le atropellaría tarde o temprano.

Y si por un momento, solo uno, Julia conseguía distraerse y olvidarse de toda aquella maldita historia, tampoco importaba, sus padres, sus amigos, o la maldita canción que sonaba por la radio le recordaría que ÉL ya no está, todos los planes de futuro que tenían juntos, lo mucho que ella le quería, lo muy feliz que era a su lado, y un largo etc.
Pero eso no le preocupaba a ella, aún había algo peor.
Si, las malditas promesas. Yo siempre, yo nunca... ¿Por qué coño me mentiste? Se preguntaba una y otra vez… Si señores, prometer ese tipo de cosas es mentir, mentir al futuro, al destino, es perder por adelantado. ¿Ahora que hago yo con este manojo de promesas rotas? ¿Qué hago con la casa que no compraremos? ¿Qué hago con los nombres de los niños que no vamos a tener? ¿Dónde guardo el nosotros? Se seguía preguntando, sin poder tener una sola respuesta… 

Aún así, con lagrimas en los ojos, le escribió por última vez…
“Pase lo que pase, voy a recordarte en cada uno de mis días (en un rincón y a escondidas). Te lo prometo”


14 nov. 2010

Palabras caducadas

Después de cuatro mil trescientos noventa y siete días, nuestra historia se acabó, para mí claro, para ti hace siglos. Durante estos días me he perdido, me he encontrado, y me he vuelto a perder. Me he subido a trenes hacía ningún lugar, y me he tirado desde aviones sin paracaídas. Y llegué a ese punto, en el que todo y nada importa, perdida en esa ciudad que a veces está tan triste como yo, sin un rumbo fijo. Ese punto en el que acepto. Acepto que no estás, acepto el dolor, acepto no ser el punto cardinal de tu vida, acepte verdades incómodas, acepto que todas esas palabras ya habían caducado. Fue raro, muy raro, vivir sin sobresaltos, vivir sin miedo, vivir sin preguntarme si mañana estarías, vivir sin bipolaridad. Hasta que llegó el día, el día en que descubrí que ya no te necesitaba, que descubrí que no te echaba de menos a ti, si no que echaba de menos que no llegaras a ser lo que necesitaba que fueras. 

(Pero no me hagas mucho caso, debe ser que es domingo).

9 nov. 2010

21 :)

Hoy me han dicho que si podía recordar tres momentos importantes de mis 20 años, significa que había sido un año importante. He recordado tres, y muchos más, y he tenido que darle la razón. Sin duda, estos 20 han sido un año de esos que sin saber muy bien, marcan hasta tal punto en que todo en lo que creías cambia de una manera increíble. 
Así que hoy no puedo hacer otra cosa que darle las gracias a aquellos que han hecho esto posible, y esperar que este año sea la mitad de bueno que el anterior :)


Llevo unos días sin poder meterme en el ordenador, y tengo mil comentarios que devolver y mil blogs que ver. En cuanto tenga un ratito, me pasaré :)